Los expertos ya lo advirtieron: el veneno usado contra la plaga de topillos que invadió Castilla y León en 2007 iba a ser nefasto. La Junta no les hizo caso. Ahora un estudio científico certifica que el veneno no fue necesario para acabar con los topillos, pero ha matado animales de otras especies. Los atestados de la Guardia Civil y los hallazgos de los ecologistas apuntan a una catástrofe biológica en la Castilla cerealista.
Los resultados del estudio, que publicó la revista científica inglesa Enviromental Conservation, llevan a la conclusión de que “ la aplicación del rodenticida fue innecesaria por algo que ya se sabe hace décadas en otros países: el veneno no acaba con la plaga, ésta se colapsa de forma natural”. Lo afirma el investigador Javier Viñuela, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), dependiente del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y el Gobierno de esa comunidad.