El coste de las campañas de control fue de más de 24 millones de euros. Los pagos de daños no han llegado a 7 millones. Es decir, el gasto en la lucha contra la plaga ha sido 3 veces mayor que el daño causado. Por tanto, desde el punto de vista agronómico, fue absurdo poner en marcha esa desmedida campaña. Se ha gastado más dinero que si se hubieran pagado todos los daños que reclama ASAJA (y que posiblemente sean exagerados).
La JCYL y la Comisión de Plagas se defienden diciendo que sin los programas de control hubiera habido más daños. ¿Cuántos? No tantos a juzgar por los daños de cereal en 2007 con la plaga en su cenit y sin control. Además, el control de verano de 2007 se considero ineficaz (el grano no es buen cebo para los topillos, se sabía, y se usó), con lo que pocos daños se debieron evitar. Y en febrero de 2008, como indican nuestros datos, o incluso los de la propia JCYL, la plaga estaba ya colapsada o casi. No hacía falta esa última costosa campaña de control con un producto altamente tóxico.
Necesitamos con urgencia una evaluación económica estricta y transparente de la producción agraria y los daños a cultivos, en relación con el coste de la campaña de control, e integrando otros costes, como los que ha supuesto la ruina de una temporada cinegética (o más). Esto es imprescindible para que los ciudadanos estemos seguros de que una gran cantidad de nuestros impuestos se ha invertido correctamente, y no cometamos más errores en el futuro