En todos los paιses civilizados, o incluso en el tercer mundo, se tiende en las últimas décadas a un control estricto en el uso de rodenticidas, en contra de lo que a menudo esgrime la JCYL y el ITACYL. En países como China, Australia, Vietnam, Alemania o Francia, con serios problemas crónicos de plagas de Roedores, se han desarrollado sistemas para mitigar los efectos no deseados de los rodenticidas sobre otras especies, de calidad bastante mejor que unos tubos rojos mal puestos que ni siquiera se retiran del campo cuando acaba la campaña. De hecho, de lo poco que se puede aplaudir de las acciones de la JCYL es el sistema de la última campaña de control: equipos especializados que introducen un cebo realmente atractivo en las huras. Lástima que esa campaña fuera innecesaria y que se seleccionara un producto mucho más peligroso que la clorofacinona, siguiendo criterios poco claros que nunca nos han explicado bien (de hecho, no nos han explicado bien NADA, por el momento).
Nosotros estamos desarrollando una experiencia pionera para el caso de las plagas de topillo campesino, consistente en incrementar artificialmente las poblaciones de Cernícalo vulgar y Lechuza común en los medios agrarios donde ocurren estas plagas. El método es sencillo: proporcionar cajas-nido para que aniden, dada la notoria escasez de sitios de nidificación en estas áreas deforestadas, y reforzar la población si es necesario con ejemplares criados en cautividad en cajas similares. Esta experiencia está basada en los resultados obtenidos en Campo Azálvaro, y presentados en esta página web, así como en experiencias exitosas en otros países.
Este proyecto está financiado por la UE, y cuenta con apoyo logístico de los Ayuntamientos de Villalar de los Comuneros, Boada de Campos, San Martín de Valderaduey, la Fundación Global Nature y la Reserva Natural de Villafáfila. La JCYL guarda silencio ante este proyecto, que conocen, y no apoyan, al menos por el momento.